Génesis de un proyecto
Del 16 de abril al 14 de mayo de
2015 tuvo lugar la muestra titulada Tacón
dorado, esto en el espacio alternativo de “La Esmeralda”. La exposición fue
un proyecto colaborativo que presentó el trabajo de dos artistas: Fernanda
Robles, en ese momento estudiante de sexto semestre de la Escuela de Pintura Escultura
y Grabado del CNA y Gimena Romero, artista emergente egresada de la misma
institución. Tacón Dorado fue mi
cuarto proyecto expositivo llevado a cabo de manera independiente y con
recursos ciertamente limitados, al igual que los tres anteriores.
La génesis de
mi participación en la muestra se remonta a finales del 2014, cuando Gimena Romero
me pidió elaborara el texto de sala para la muestra. Después de varias charlas y
reuniones en el estudio de la artista, me involucré de manera conciente en el
proyecto hasta asumir un papel más activo que terminó bajo el amparo del
término curaduría.
El tema de la
exposición fue el Manicomio General “La Castañeda” y la vida de las mujeres al
interior durante el primer periodo de la institución que va de 1910 a 1920,
según la periodización propuesta por el historiador Andrés Ríos Molina. La
primera fase del proceso creativo consistió en la visita de las artistas al
Archivo Histórico de la Secretaría de Salud, el cual contiene los expedientes
clínicos de los enfermos mentales internados en instituciones psiquiátricas
como el Hospital del Divino Salvador mejor conocido como “La Canoa” y el
Manicomio General. Cabe mencionar, la revisión documental en dicho archivo abarcó
hasta el año de 1916.
Cuando
empezamos a negociar mi participación en el proyecto, tanto Gimena como
Fernanda se encontraban en la segunda fase que fue el proceso de producción de
las piezas, esto después de haber pasado por la revisión documental de los
fondos mencionados y la consulta de fuentes bibliográficas entorno al tema de
las instituciones de salud mental en el país y el desarrollo de la psiquiatría
en México.
Tacón dorado tuvo una lógica de trabajo
que obedeció a necesidades muy puntuales. La principal preocupación de las
artistas era integrar su obra en el espacio de tal manera que esta dialogara y
luciera armónica. Las dos artistas estaban concientes de las diferencias en sus
lenguajes plásticos pero sobre todo de la divergencia en sus intereses conceptuales.
Mientras que Gimena Romero fue conmovida por la psique y los casos de la
mujeres internadas, los cuales individualizó en 14 fotobordados, por “salud
mental” Fernanda Robles tomó distancia de los expediente clínicos por
considerarlos de una alta carga emocional difícil de manejar tanto a nivel
personal como a nivel artístico, sin embargo, debo mencionar, esto no fue un
impedimento para que se metiera de lleno al análisis de los documentos y
realizara lecturas sobre el tema. Por consiguiente el trabajo de Robles se
enfocó en una reflexión sobre arquitectura y memoria, y, tocada por la ausencia
del edifico que fue demolido en 1968, tradujo el plano de la Castañeda en tela
mediante la técnica del gofrado.
Así, de un mismo
archivo resultaron piezas distintas enfocadas en dos aspectos diferentes de un
mismo tema, lo cual permitió ahondar más en la complejidad de la institución y en
el contexto emocional y social de la internas. Los fotobordados de Gimena Romero
constituyen una reinterpretación de las fichas de los expedientes clínicos, un
acercamiento a la feminidad que enmarqué dentro del trabajo de Bataille sobre
el erotismo. El gofrado de Fernanda Robles es una preocupación por la re-construcción
del espacio, pero no sólo desde la parte física, es decir, desde su
materialidad, sino también desde la parte simbólica, la cual aterriza en un
tropo de la memoria que habla de la colectividad. Desde el aspecto formal, los
fotobordados exploran el dibujo y hablan a partir de la línea y el color, el
hilo y la aguja funcionan como método de intervención en las reproducciones de
los expedientes en tela para resarcir y reconstruir la historia personal de las
internas. Por otro lado, mediante el gofrado se logra la reproducción de un plano
arquitectónico a gran escala donde se mezclan formas y texturas, las cuales
crean varios niveles, mismos que pueden homologarse a las capas o los recovecos
de la memoria.
El reto que me lanzaron las
artistas al invitarme a trabajar con ellas fue entender sus lenguajes plásticos
para hermanar su trabajo mediante el montaje de sus producción artística en el
espacio expositivo. A la par, tuve que diferenciar sus procesos creativos y
entender sus inquietudes temáticas para traducir esto en el texto de sala. De
igual manera fue importante escuchar sus experiencias al enfrentarse con los
fondos documentales del archivo para comprender a cabalidad la génesis del
proyecto, su desarrollo y el resultado final de las piezas. Entonces, más que
ofrecer un planteamiento temático, mi participación consistió en comprender y contextualizar
el proyecto, brindar un marco teórico que funcionara como una vía de
acercamiento a los problemas expuestos, además de lograr que todo lo antes
planteado se tradujera en una experiencia para el visitante. Mis herramientas
de trabajo fueron el texto de sala, la propuesta de montaje junto con los recursos
museográficos básicos, además del trabajo en redes sociales para comunicar los
contenidos de la exposición.
INAUGURACIÓN TACÓN DORADO
INAUGURACIÓN
COCKTAIL DE INAUGURACIÓN Y DJ´S
RESULTADO FINAL
MONTAJE
LAS ARTISTAS
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Fernanda Robles, Carla Rippey y Gimena Romero |
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Fernanda Robles |
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